martes, 24 de octubre de 2006

PERIPLO DE UN PERIODISTA BUSCANDO PRÁCTICA - PARTE 2

Después de un reponedor descanso salimos a buscar la dirección de la revista El Periodista y de Copesa. Preguntamos en los quioscos si no podían prestar los diarios para revisar las direcciones pero no fue posible. Sólo un quiosquero nos dijo donde quedaba Copesa y otro finalmente me prestó El Periodista. Se suponía que quedaban relativamente cerca. Volvimos a tomar el metro y nos bajamos en la estación Ñuble de la línea 5. A una cuadra estaba Copesa. A mí tampoco me interesa trabajar para esos medios pero acompañé a la Nicol y de todas maneras dejé el currículum ahí.
Después caminamos otro poco buscando la calle José Manuel Infante pero nos dijeron que estábamos lejos. Tomamos nuevamente el metro. Yo me bajaría en estación Irarrázaval y la Nicol seguiría camino a su casa así que ahí nos despedimos. Caminé esperanzado de encontrar la calle, ya eran las 4 y todavía debía dejar tiempo para ir a visitar a mi primo. Caminé 5 cuadras al oriente y cuando ya pensaba que no la hallaría y me proponía a tomar una micro en dirección a la Plaza Ñuñoa divisé a lo lejos el nombre de la calle. Se renovaron mis fuerzas y caminé sin sentir cansancio ni calor. Estaba a la altura del 2.700 y debía buscar el 1960. Caminé ahora hacia el norte por calle Infante hasta que en la cuarta cuadra dí con la casa que albergaba uno de los medios que más me motiva para trabajar.
Era una casa blanca de dos pisos típica ñuñoína. Tenía una auto estacionado a la entrada y la reja abierta. Se veía un poco descuidada y sus ventanas no tenían cortinas. Por ninguna parte se veía un cartel que identificara el medio. Caminé a la entrada principal y en la puerta decía "recepción a la vuelta" con una flecha mostrando la dirección. Di la vuelta y toqué un citófono. Me abrieron de inmediato. "Esta es la revista El Periodista?" Efectivamente lo era. Consulté por el proceso de postulación a la práctica y la secre no tenía idea. Llamó por línea interna a la editora y ésta le dijo que me enviara a hablar con ella. Volví a la misma puerta que llegué al principio. Toqué el citófono y me dijo "pasa". Entré y subí por una escalera. La casa era de cemento y estaba completamente ensombrecida. Por primera vez en mucho rato sentí aire fresco y tomé conciencia de lo acalorado que andaba.
Al llegar arriba habían dos "oficinas" contiguas. La editora, Susana, me recibió muy bien, le expliqué que yo antes había mandado mi currículum al mail del director, Francisco Martorell. "Yo no he aclarado ese tema todavía con Pancho. Él ahora anda en Temuco, pero si tú me dices que ya lo hablaron debe estar bien." Le pregunté si tomaban estudiantes en práctica todos los años. "Sí, pero tienes que saber que las condiciones de trabajo aquí son como las ves. En todo caso eres el primero en venir a pedirla y si quieres te respondo apenas hable con él, ¿cuándo necesitas una respuesta?" Le dije que dentro de dos semanas porque estaba copn otros procesos de postulación y seguramente tendría que volver.
Salí del lugar lleno de ilusión, siempre me había gustado la revista y la posibilidad se veía al alcance de la mano. Al fin se hacía realidad la posibilidad de pasar el verano trabajando en Santiago como me lo había prometido para este año. Con ese golpe de energía salí nuevamente a Irarrázaval a tomar la micro, ahora sí, rumbo a Plaza Ñuñoa.

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